Habrá cuatro clases de espacios.

Con 50 votos a favor quedó ratificada la norma impulsada por los legisladores del Frente para la Victoria que crea una regulación para este tipo de espacios. “Venimos a llenar un vacío legal que condenaba a los centros culturales a clausuras arbitrarias por parte del gobierno porteño”, señaló Lorena Pokoik, diputada del FpV.

La Legislatura porteña aprobó ayer la ley que regula el funcionamiento de los centros culturales de la Ciudad, elaborada por el interbloque del Frente para la Victoria de la Comisión de Cultura y un colectivo de artistas tras las clausuras masivas efectuadas por la Agencia Gubernamental de Control del PRO a esos espacios. “La principal importancia es que venimos a llenar un vacío legal que condenaba a los centros culturales a clausuras arbitrarias por parte del gobierno”, sostuvo la diputada Lorena Pokoik, una de las impulsoras del proyecto. La norma fue aprobada por 50 votos a favor.

Según Pokoik, en diálogo con Télam, de esta manera “pasamos de las clausuras a la promoción de la cultura” y destacó además que los centros culturales “son espacios de participación ciudadana, de pluralidad y mayor democratización”.

La norma define como Centro Cultural “el espacio no convencional y/o experimental y/o multifuncional en el que se realicen manifestaciones artísticas de cualquier tipología, que signifiquen espectáculos, funciones, festivales, bailes, exposiciones, instalaciones y/o muestras con participación directa o tácita de los intérpretes y/o asistentes”. Los Centros Culturales serán clasificados en cuatro categorías según la capacidad de asistentes y cada uno tendrá su propia forma de evacuación o egreso.

Así, los centros de “Clase A” podrán albergar hasta 150 personas y la superficie no podrá ser mayor a 300 metros cuadrados; los de “Clase B” desde 151 personas a 300 y la superficie de piso no mayor a 500 metros cuadrados. Los de “Clase C” podrán entrar desde 301 personas hasta 500 y una superficie no mayor a 1.000 metros cuadrados y los de “Clase D” admitirán desde 501 personas y la superficie mayor a 1.000 metros cuadrados.

“A partir de la sanción de esta ley, los centros culturales porteños que no pertenecen al circuito oficial pueden inscribirse en el registro de usos culturales y obtener la habilitación para salir de la clandestinidad a la que estaban condenados por la regulación vigente”, destacó el legislador Pablo Ferreyra (Seamos Libres) y consideró que “ahora, el principal desafío que tenemos por delante es lograr que el ejecutivo porteño la implemente en su totalidad”.

“Hoy es un día para celebrar estas modificaciones que eran absolutamente necesarias sobre todo para los centros culturales más pequeños. Esta ley es una verdadera reivindicación de la cultura popular y un mayor apoyo y equidad”, sostuvo.

En tanto, el representante del Frente Renovador, Javier Gentillini, advirtió que “con la norma que aprobamos hoy no completamos un proceso sino que es un primer paso, pero enhorabuena que lo hayamos logrado”.

En los últimos años el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires clausuró distintos centros culturales como El Café de los Patriotas, La Casa de Teresa, Vuela el Pez, La Víctor Jara y Rosa Luxemburgo, para nombrar algunos que componen una larga lista.

Incluso espacios como Compadres del Horizonte, ubicado en Parque Patricios, que ofrece talleres culturales para recomponer los lazos solidarios y al que acuden muchos chicos del barrio. Hasta la Ciudad Cultural Konex sufrió la clausura de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) en enero de este año.

Ese organismo porteño además está rodeado por la polémica de haber estado comandado por Martín Farrell y Pablo Saikauskas que irán a juicio oral por el derrumbe en el boliche Beara del 10 de septiembre de 2010 en el que murieron dos adolescentes, y ratificó que hubo pago de sobornos. “Al proyecto original aprobado hoy (por ayer) por la Legislatura porteña se le introdujeron categorizaciones en relación al impacto ambiental que permite a los centros culturales más chicos, que son los más vulnerables y en general los que funcionan de forma autogestiva, evitarse trámites engorrosos y onerosos correspondientes a estudios de impacto ambiental”, indicó Seamos Libres en un comunicado.

“Los centros culturales medianos deberán realizar un estudio de impacto ambiental para definir su categoría y los más grandes estarán categorizados ‘con relevante efecto’ y deberán ajustarse a las regulaciones que esto requiere”, concluyó.

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